Los europeos que llegaron a América como parte del proyecto colonial español impusieron sus propios estilos y técnicas —en particular, la pintura de caballete y la escultura policromada— a unas sociedades cuyas tradiciones artísticas habían privilegiado durante mucho tiempo los textiles, la cerámica y la metalurgia. A los artistas indígenas que formaron se les exigía que adoptaran estas técnicas y dominaran el naturalismo de estilo europeo y la iconografía católica. En este proceso, dichos artistas crearon obras sorprendentemente originales y profundamente arraigadas a sus lugares de origen.
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